El San José de don Beto

Garita, Nora. “El San José de don Beto”. Diario Extra. Página Abierta. (San José, Costa Rica), 23 de marzo 2010, p. 2

 

En medio de su vasta producción literaria, don Beto Cañas nos ha planteado varios interrogantes sobre la ciudad de San José, en una novela suya llamada “Una casa en el Barrio del Carmen”.

La casa, construida en adobe y bahareque a finales del siglo XIX, era “ancha y esquinera, llena de ventanas en hilera interminable… y un patio interior rodeado por la medianera y tres corredores, y sembrado de helechos casi gigantes y de pacayas… cuando tener pacayas en el patio era señal de elegancia y buen vivir”. En ese tiempo social en el que la misa matinal regulaba los horarios y la Iglesia tenía el poder de las campanas, transcurre la historia de la casa y sus dos habitantes. El barrio tenía el nombre de la Iglesia cercana, pero la vida de barrio va desapareciendo poco a poco. Las casas de familias conocidas quedan deshabitadas, convertidas en despachos de médicos o demolidas. San José se vuelve una ciudad de rótulos. En los años cincuenta, nuevos valores de mercado vuelven la casa objeto de eventual lucro para muchos hombres de negocio.

¿Rematar la casa al vencerse la hipoteca?

¿Venderla para botarla y hacer en esa esquina una gasolinera?

La tesis que sustenta la novela es que los valores de mercado configuraron la ciudad. Esto da vigencia a la novela, cuando se observa el poder de los inversionistas en perfilar el rostro actual de San José: ¿tirar al suelo un edificio patrimonial para hacer un parqueo?

La casa se llama “La República”. Es pues, el recurso usado por el narrador para plasmar su visión social demócrata de la historia de Costa Rica. Refiriéndose a Walter Jiménez, el joven que estudió ciencias económicas, dice: “participó en la Revolución del 48, que fue como la lumbre de una generación y la apertura de un rumbo, como una encrucijada abierta, una oportunidad escondida…” Son los acontecimientos del 48 los que abren oportunidades a la movilidad social a los hijos de maestras, a los hijos de empleados bancarios. Las tesis sobre la historia nacional, en el fondo, es que el Estado de la Segunda República, con sus nuevas Instituciones, crea y amplía la clase media.” ¡Yo soy la clase media!”, dice Walter. Esta posición ante la historia, mantiene vigentes las preguntas sobre el papel del Estado en permitir la concentración en pocas manos, o en discutir la riqueza.

Contar la vida de una casa para hacer un cuadro con visión de país. Esa Costa Rica pintada en el cuadro se transformó, los valores oligarcas quedaron desdibujados, como se destiñeron las liebres y perdices del cuadro colgado en la pared de la casa. Esto ha sido señalado por especialistas en literatura, de la siguiente manera; “la imagen que clausura el texto alcanza una fuerza especial al remitir a un objeto, un cuadro, la sensación de decadencia y pérdida de protagonismo de la clase poseedora, por nacimiento, de los valores auténticos” (Carballo, Ovares, Rojas, 1993:278).

La literatura, con su poder evocador, le gana aquí la partida a la sociología. Gracias, don Beto, por la escritura.

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