Limón Reggae, una visión alternativa del Caribe costarricense

Manzari, H. J. “Limón Reggae, una visión alternativa del Caribe costarricense”. Istmica. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras;  (11): 253-259, 2007.  Tomado de: http://www.revistas.una.ac.cr/index.php/istmica/article/view/721

 

Limón Reggae, la última novela de escritora costarricense Ana cristina Rossi es a la vez una novela política, una novela revolucionaria y una novela híbrida y polifónica gracias a las voces caribeñas y centroamericanas que resuenan en ella. La segunda de una prometida trilogía, Limón Reggae sigue a la anteriormente publicada Limón Blues (2002). Como todas sus novelas históricas, esta última de Anacristina Rossi trata el tema del ser mujer, de las utopías sexuales, del medio ambiente y en particular de Limón. No obstante, en Limón Reggae la novelista mestiza pretende rescatar las voces y las luchas revolucionarias de la izquierda centroamericana de la silenciosa y marginada historia de la costa atlántica.

Al examinar la nueva novela histórica de Rossi, Limón Reggae revela un contrapunteo de herencias culturales y una interacción intercultural en el mundo limonense. Vale la pena ver cómo esta interacción y contrapunteo transparenta una nueva configuración del imaginario social y nacional costarricense. Más bien, y siguiendo las ideas de Benedict Anderson en su conocido estudio Imagined Communites: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, sería útil pensar en las naciones como comunidades imaginadas, creadas a partir de condiciones históricas específicas y de alianzas entre sectores sociales. Al cambiar las condiciones históricas es de suponer que el imaginario nacional tenga que reconfigurarse como producto de nuevas alianzas y negociaciones, con la participación de sectores que fueron ignorados o marginados en los imaginarios anteriores, lo que significó la construcción de nuevas relaciones. Tal es el caso con la costa atlántica de Costa Rica.

En las últimas décadas, los escritores y críticos literarios han intentado rescatar las voces afrolimonenses de la silenciosa historia centroamericana y en particular, de la historia costarricense. Carlos Meléndez y Quince Duncan en su estudio El negro en Costa Rica (1981) confirman que el comercio de los esclavos en Costa Rica llega tarde, en comparación con el resto del Caribe, es decir a finales del siglo XVII comienzos del siglo XVIII. La presencia de esclavos negros como mano de obra barata sirve para expandir el comercio y el cultivo del cacao en la zona. En Costa Rica, el tema de la abolición se promovía con el movimiento de la independencia, pero no se promulga hasta el 17 de abril del 1824. De todas maneras, los documentos oficiales indican que en Costa Rica pocos negros formaban parte de la población general. A mediados del siglo XIX se aumenta la inmigración de negros al país para trabajar en las bananeras y en la construcción del ferrocarril en 1873.

En el siglo XIX, la mayoría de los negros llegaron a Costa Rica con la intención de sólo quedarse una temporada. Muchos vinieron por poco tiempo y no se consideraron costarricenses y, por otra parte, las autoridades los consideraron simples herramientas de trabajo. De la zona atlántica costarricense la población negra de habla inglesa, o sea creole, por ser la mayoría jamaiquinos (a través de Panamá o Nicaragua) todavía conserva sus costumbres musicales, culinarias y familiares, completamente distintas al resto de Costa Rica. De hecho, cultural y lingüísticamente, es la zona más marginada de del país. Aún hoy, la zona atlántica, para algunos, parece lejos de la metrópolis josefina y resulta curioso saber que, hasta mediados del siglo XX estaba prohibido para los negros pasar de la zona atlántica al Valle Central en tren, la única forma de transporte público en la zona. Según Meléndez y Duncan, no fue hasta los 70 que se comenzó a asentar una población negra en la capital. De tal manera, los negros en Costa Rica seguían siendo parte de un grupo segregado y marginado por falta de oportunidades y dificultades lingüísticas entre otras razones.

A finales del siglo XX, con la publicación de novelas como Limón Blues y Limón Reggae de Anacristina Rossi y otras como Asalto al paraíso y Calypso de Tatiana Lobo, por mencionar sólo unas cuantas, se revelan alternativas con respecto a la representación histórica del Caribe en la literatura costarricense. Es más, con la llegada de los estudios subalternos de los años 70 se visibiliza una perfecta unión teórica para contemplar la identidad híbrida minoritaria de esta zona en términos de una identidad caribeña costarricense. A través de una verdadera estética de resistencia presente en la escritura contemporánea de la costa atlántica costarricense, los escritores de la región establecen un auténtico contrapunto entre lo que se podría llamar la comunidad imaginada de la nación y la real de la región limonense.

El crítico Edward Said en su estudio Cultura e imperialismo (1996) considera que las estrategias de resistencia no constituyen sólo una forma de reacción antiimperialista sino también un modo alternativo de concebir la historia que rompe las limitaciones culturales. Said sugiere que los escritores poscoloniales llevan así su pasado con ellos como cicatrices de heridas humillantes, pero que, a la vez, se convierte en motor de prácticas diferentes. Este proceso posibilita que estallen visiones de un pasado potencialmente en revisión y que tienden a un futuro postcolonial, como experiencias susceptibles de urgente revisión y reorganización, en las que el antiguo silencio de los nativos habla y actúa sobre el territorio reclamado a los colonizadores. Su tesis central sostiene que las naciones son narraciones y, de tal manera, la noción de identidad se construye a partir de instancias discursivas. O sea, se trata de analizar el juego de la diferencia dentro de la identidad. Tal diferencia permite reterritorializar las identidades culturales caribeñas. En este proceso resuena una dinámica sincrética que se apropria, de manera crítica, de elementos provenientes de códigos maestros de la cultura dominante y los creoliza desarticulando los signos presentes y re-articulando su significado simbólico.

Limón es una provincia de Costa Rica que se integra a una cadena étnica y cultural que abarca las regiones del Caribe centroamericano desde Guatemala hasta Panamá. A lo largo de esta cadena se comparten elementos materiales y espirituales con el resto del Caribe. Limón siempre ha sido una provincia marginada, debido a su posición geográfica, lejos de la capital o del área metropolitana, deficientes vías de comunicación y el lenguaje. Es más bien una región y una población marginada y segregada lingüística y culturalmente además de serlo históricamente. En Limón viven indígenas, negros (afrocaribeños), centroamericanos, libaneses, coolies y chinos juntos a muchos ticos transferidos del interior.

A diferencia de la novela músico-histórica de Tatiana Lobo, la última de Anacristina Rossi, Limón Reggae relata otra historia centroamericana y plantea otra visión del Caribe costarricense. Primero que nada, como sugiere Karen Poe, “la novela es una Babel feliz” en ella los personajes hablan el inglés limonense, el mekatelio, y también hablan como nicaragüenses, salvadoreños y ticos en una “comunión cultural” (67). Rossi recupera esos modismos típicos de la zona para recrear de manera lícita y verosímil el mundo limonense del siglo XX. Desde el punto de vista político, la nueva novela de Rossi subraya el desencanto, la tristeza y la impotencia del pueblo limonense frente a las estructuras y una sociedad moderna costarricense. La desolación, la desilusión y la injusticia resuenan en la novela para enfatizar lo difícil que es vivir al margen de una sociedad, sea caribeña o centroamericana.

Un perfecto ejemplo de esto se aprecia en la experiencia de la protagonista principal de Limón Reggae, Laura o Aisha como luego se llama quien padece de una identidad doble: la Laura capitalina y la Aisha limonense, como la llamaba su tía Maroz. Laura, como muchos limonenses, viene de una familia multicultural y multiétnica, lo cual sirve de metáfora para la gran comunidad limonense y su historia de diversidad. En las primeras páginas de la novela Laura abandona el nombre impuesto por sus padres y lo cambia por Aisha que refleja más su espíritu rebelde y su identidad mestiza. Llama la atención esta doble identidad de la protagonista cuando la narradora nos cuenta que “Limón es la otra parte de la vida de Laura. Pero no sólo Limón centro…sino el sur de la provincia, las playas, el bosque, los ríos….” (12) De niña Laura viajaba desde la capital hasta Limón y recuerda los olores del tren “El olor de las negras y las cosas que vendían: mentas, cocadas, patí” (13). Aquí la autora nos recuerda que Limón es múltiple y no sólo una entidad solitaria. El recorrido de comidas típicas de la zona alude al gran recetario de la cocina jamaiquina que llegó con los primeros trabajadores del ferrocarril. Limón representa otro mundo y Laura se sentía en otro mundo cuando llegaba a Limón y “se sentía chapotear y moverse en un aire muy dulce, muy suave, perfumado, respirar ese aire la ponía casi eufórica. Era el aire de Limón. Enseguida llegar, bajarse cerca del muelle, oír músicas distintas a las de San José y un idioma distinto: el inglés de Limón….” (13) Según la narradora, el Limón de su juventud es un Limón utópico, un paraíso, y esta imagen idílica se contrasta con la de la casa donde vivía su familia en San José después de que unos estafadores engañaron a su padre y lo perdieron todo. Entonces debieron dejar su casa para ir a alquilar una casa “espantosa” en un barrio fatal donde quedaba el “tugurio más grande de San José” (13) Más tarde Laura nos recuerda que “al despertarse la primera vez en ese barrio, en vez del aroma del café le “llegó un potente olor a podredumbre, a animal muerto. (…) Los guilas del tugurio, flacos y sucios y medio chingos … estaban haciendo caca en la puerta de su casa” (14). Esta imagen de San José como “un gran cagadero” deja poco para la imaginación de los lectores y sugiere otra visión de lo que es la gran capital. El contraste entre el Limón paradisíaco y la capital pobre y en decadencia trastrueca la vieja dicotomía metafórica de la civilización versus la barbarie establecida en la primeras novelas fundacionales de Latinoamérica del siglo XIX.

Pero aún para Laura, los recuerdos de un Limón idílico ya no tenían el mismo sentido de cuando era una niña. Para ella como para el resto de su familia, Limón había cambiado a lo largo de los años. Ya no era el paraíso de su infancia, la “Limón Town (que) se parecía a Nueva Orleáns… en los tiempos de su tía Maroz(18)…. La memoria colectiva reflejada en la de la protagonista sirve para preservar esos momentos felices de su infancia y contrasta severamente con las imágenes de un presente gris y turbulento. En parte, ésto se confirma con el personaje de Percival, quien se convierte en el primer amor de Laura. Es más, desde muy joven, Percival expresa su espíritu rebelde y anda en busca de su propia historia para escapar del mundo triste y solitario del Limón de los 70. En un instante, cuando Laura le está preguntando a Percival por qué había escogido otro nombre, él explica: “Porque Percival es un nombre colonial. Ahmed en cambio para nosotros es un nombre libre” (27). La necesidad de liberarse del control colonial y hegemónico del nombre colonial se asocia con el deseo de vivir en una sociedad posplantación y de deshacerse de la alienación histórica de sus ancestros. Tal experiencia sirve como fuerza motivadora en la transformación del personaje de Percival. Pero, para Percival, tal condición petrificada y de aislamiento, le da poca esperanza y en un instante nos cuenta que “Los negros ya no somos capaces de unirnos para salir de la miseria. Logramos la nacionalidad, Costa Rica es nuestra patria y una patria no debe abandonar a sus hijos. Pero no reclamamos. Nos alzamos de hombros y nos vamos a buscar el futuro a los Estados Unidos. En los últimos años más de un tercio de nuestra comunidad emigró” (22). Para muchos, la única solución/salvación posible está en irse a los Estado Unidos en busca de mejores condiciones u otras utopías. Es más, esta imagen refleja una cierta desesperación de parte de los afrodescendientes limonenses y una necesidad de deshacerse de esa miseria y abandono que significa vivir en Limón.

Limón como metáfora del desencanto que se siente por las situaciones políticas y socioculturales resuena por toda la novela. En Limón Reggae, Anacrsitina Rossi plantea varias y alternativas imágenes de la zona caribeña en decadencia, un espacio olvidado por el gobierno central y sus propios políticos. Limón es una zona marginada por su situación económica y sociocultural. Nos recuerda la narradora que “Limón está siniestro. Las calles revientan de pordioseros y de negras con elefantiasis, la basura taquea acequias y alcantarillas y llena la ciudad de punta a punta, todas las casas del centro salvo la de Maroz están en ruinas y adentro viven gentes que parecen fantasmas. Laura nunca había visto tanta prostituta en la calle ni tanto borracho tirado en la acera” (93). La autora nos deja con una imagen casi fantasmagórica y de decadencia de lo que representa el Limón contemporáneo. Repetidamente la narradora nos cuenta que “Limón es un desastre. Cuando éramos pequeños por lo menos era limpio” (28). Y Ahmed repite con frecuencia “Limón está muerto” (61). Pero no todos los personajes de la novela están de acuerdo con tal visión. Sylvia, otro personaje, alude a una pequeña esperanza que queda en los artefactos culturales que todavía preservan la cultura afrocaribeña de la zona. “Limón está jodido pero Limón no está muerto, piensa Sylvia, Limón vive en su patois, en los spirituals y los gospel, en los calipsos y los ocasionales arrebatos de jazz de los músicos viejos como el abuelo Maikí, en su comida, en sus iglesias y en sus logias.” (63) Entonces, las distintas perspectivas de los personajes aluden a una realidad múltiple y orgánica, al contrario de la típica y hegemónica propuesta por el Estado y consumida por los turistas que llegan en los cruceros a ver al Puerto Limón disfrazado del calypso y las tiendas de souvenirs.

Al final de la novela Aisha reflexiona sobre los cambios en su vida, sobre las consecuencias políticas del momento, sobre los sueños incompletos de la vida y todavía parece sentirse desilusionada con lo que observa y en el mundo que la rodea. Parece perder la esperanza y leemos que “Aisha mira la costa. Quedan árboles pero dominan los edificios. Exclama, ‘La empresa privada produce libertad’. …, ‘Sí, era lo que todos querían, negocios y más negocios.’ La utopía perdió, ganó la Centroamérica de los negocios como quería aquel Presi del Plan de Paz, piensa Aisha” (284) Aquí la autora critica con una obvia y directa pulla la administración y la política del gobierno del presidente Oscar Arias, para ella y la protagonista, un vendepatrias e hipócrita. Es más, con ésto, uno percibe cómo la guerra, la solidaridad, la amistad, el amor, el compromiso, la esperanza y la desilusión, los anhelos y la lucha incansable por una sociedad más justa agitan el apasionado corazón de la protagonista, en quien se refleja una generación y una época de las voces marginadas de la costa caribeña costarricense.

La novela de Anacristina Rossi, desde un punto de vista revolucionario, es un planteamiento de que la producción afrolimonense se da dentro de una estructura de conflicto y de resistencia. Tal conflicto se manifiesta en contra del poder económico/cultural donde las producciones culturales y el imaginario cultural formados desde afuera son puras construcciones foráneas. Los ejemplos mencionados aquí reflejan la alteriedad y la práctica discursiva de unas voces marginadas que sirven de portavoz de una ideología y una identidad sumamente limonense. Tanto para los personajes de Limón Reggae como para los mismos autores y cantautores limonenses, Limón vive en sus obras, en sus construcciones y en sus “modificaciones” así como la música del calypso sirve de construcción simbólica y apropiación cultural con la que más se identifican los afrolimonenses. Entonces, al reexaminar la condiciones y metáforas reflejadas en la novela Limón Reggae es obvio suponer que el imaginario nacional tenga que reconfigurarse como producto de nuevas alianzas y negociaciones, con la participación de sectores que fueron ignorados o marginados en los imaginarios anteriores o con nuevas relaciones entre ellos; tal es el caso con la costa atlántica de Costa Rica como se describe en Limón Reggae. Ante tanta desolación, las voces limonenses de la silenciosa historia centroamericana y, en particular, la historia costarricense, resuenan en la letra de su música y su poética tanto como en los ritmos de sus ancestros en ésta, la última novela de Anacristina Rossi.

Bibliografía

Anderson, Benedict. Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. London: Verso, 1995.

Lobo, Tatiana. Asalto al paraíso. San José, Costa Rica: Editorial Universidad de Costa Rica, 1992.

_________. Calypso. San José, Costa Rica: Farben, 1996.

Mackenbach, Werner. “Representaciones del Caribe en la narrativa centroamericana.”

http://collaborations.denison.edu/istmo/n05/articulos/ representaciones.html. November 19, 2007.

Meléndez, Carlos, y Quince Duncan. El negro en Costa Rica. 10 ed. San José: Editorial Costa Rica, 1993.

Poe, Karen. “Limón Reggae: La reinvención utópica del sexo.” Página Literal. Pp. 62-71. San José, Octubre del 2007.

Rodríguez, Ileana, editor. The Latin American Subaltern Studies Reader. Durham: Duke University Press, 2001.

Rossi, Anacristina. La loca de Gandoca. 1992. Segunda reimpresión. San José, Costa Rica: Editorial Legado, 2001.

_________. Limón Blues. Cali: Colombia, Alfaguara, 2002. Said, Edward. Cultura e Imperialismo. Barcelona: Anagrama, 1996.

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