La sombra de don Joaquín

Porras, Carlos. “La sombra de don Joaquín”. Tiempos del mundo, 26 de octubre, 2000. Publicado también en: Retrato de Joaquín Gutiérrez. Compilado por Rodolfo Arias Formoso. San José, Costa Rica : EUCR, 2002. Página 55-56

En Kasajastán, 1964

Estaba don Joaquín Gutiérrez en Bujara, una remota población de Kazajastán, tan antigua que se menciona en Las mil y una noches. Ante sí tenía un trillo polvoriento que, aunque no lo pareciera, era el camino de la seda por el que transitaron los mercaderes medievales desde Venecia hasta la China. Otro trillo hacía una encrucijada, era el camino del ámbar, que iba hasta la India.

En aquella remotidad apareció un personaje vestido de túnica y turbante, como brotando del pasado más lejano. Don Joaquín lo saludó tan ceremoniosamente como pudo, y el extraño contestó con unas palabras en su idioma, que nuestro escritor, naturalmente, no pudo entender. Más tarde se las tradujeron: “que no se le acorte la sombra”. Y se las explicaron: la sombra puede acortarse cuando uno se hace viejito y se encorva, o porque el Visir le manda cortar la cabeza.

De eso hace mucho tiempo y, aunque hoy a sus ochenta años don Joaquín ya no tiene las cejas y el bigote negro de aquél entonces, sí continúa poseyendo sus casi dos metros de altura, y su sombra sigue tan larga como antes. El más brillante de nuestros ajedrecistas, el máximo novelista tico del siglo, viajero infatigable, traductor de Shakespeare, corresponsal de la guerra de Viet Nam, profesor, poeta, todo eso es su verdadera gran sombra, que se extiende a su alrededor con naturalidad, como es él, dándole la vuelta al mundo, como quien dice nada.

[…] La popularidad de don Joaquín Gutiérrez queda de manifiesto con una anécdota de la celebración de sus ochenta años, en marzo de 1998. Todos los medios de prensa, radio y televisión brindaron reseñas de su persona y su obra. El día del homenaje no cabía un alma en el recinto del Centro Cultural de México, cuando entró el Presidente de la República don José María Figueres. Más o menos cinco minutos después, llegó también don Miguel Angel Rodríguez, entonces presidente electo. Ambos, el presidente entrante como el saliente, abrazaron al escritor con evidente cariño y respeto. Don Joaquín fue, desde su juventud hasta su muerte, un comunista, y tenía a su lado a un presidente social demócrata y uno social cristiano abriéndose espacio para saludarlo. Alguien declaró que solo en Costa Ricia pasan cosas así, pero pronto lo corrigieron: cosas así, solo pasan con don Joaquín.

Comprar libros de Joaquín Gutiérrez

Anuncios
Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: