Vivan las locas

Quesada, Juan Rafael. “Vivan las locas”. La República.  (San José, C.R.), febrero 1993

¡Qué refrescante, qué estimulante es saber que existen mujeres como “La loca de Gandoca“!

La República / Jorge Illá

En Costa Rica hasta los años 40, a la mujer se le educó para que tuviera como fin último “el encontrar un marido”. Sin embargo, con la apertura de la Universidad de Costa Rica se inició, poco a poco, la profesionalizaron de las mujeres, y empezaron a desarrollarse las condiciones necesarias para convertirlas en ciudadanas. No es por casualidad, entonces, la participación de las mujeres en la huelga de “brazos caídos” de 1946 y en los hechos políticos de 1948.

Desde entonces, la mujer ha ido teniendo más participación en diversos órdenes de la vida costarricense y, es posible, que en un futuro cercano hasta lleguen a la casa presidencial. Eso sí, por méritos, no por decretos, ni por apellidos. En ese contexto de la década de 1990 es que debe ubicarse la palabra y la acción de esa valiente mujer –ejemplo para todos los hombres de Costa Rica– llamada Ana Cristina Rossi.

Aunque Ana Cristina se había hecho conocer hace unos años como escritora, por medio de su novela “María la noche”, podemos afirmar, tajantemente, que “La loca de Gandoca” es la obra –éxito de librería– que la ha hecho trascender los medios intelectuales y llegar a un público mucho más amplio. ¿Por qué ese éxito?

Por Ana Cristina, contra viento y marea, ha logrado que se haga de público conocimiento la destrucción de la naturaleza –es decir la fuente de la vida– que se está llevando a cabo, hoy mismo, en Gandoca-Manzanillo, en la provincia de Limón. Porque la autora en una obra con valor literario en sí, se ha referido a un tema de interés general, de desgarradora actualidad.

Mientras otras mujeres desvirtúan nobles causas como el feminismo, y otras se ganan los favores oficiales, reafirmando con nuevos órdenes (marxismo-gremsciano) añejas mitologías sobre el sistema político costarricense, Ana Cristina ha asumido plenamente su responsabilidad ciudadana al denunciar, ayudada por sus dotes literarios, el desastre ecológico, del que sigue siendo víctima buena parte de la zona atlántica.

¡Claro está, Ana Cristina ha debido enfrentar muchos obstáculos! Dificultad para obtener información en el MIRENEM, intimidaciones, amenazas de extranjeros, matonismo por parte de “muchos” malinschistas, etc. Pero esencialmente, el mayor obstáculo –de ahí su enorme mérito– ha sido el comportamiento generalizado de los costarricenses: el ser tico, o sea, palanganas, oportunista, ayuno de compromiso, zafa lomo. Es este comportamiento, el que Rodrigo Facio calificó, en su momento determinado, para descalificarla –como quisieron hacer con Carlos Morales cuando denunció los desmadres del CSUCA–, la trataron de loca.

¡Gracias Ana Cristina por esta renovadora inyección de optimismo; por fortalecer nuestra responsabilidad ciudadana! Gracias mil, por recordarnos que Costa Rica vale más que todo el oro del mundo. Por eso queremos decir a todo pulmón: “¡Vivan las locas!”.

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