Anacristina Rossi: Política ambiental es una estafa

Ramírez F, Eduardo. “Anacristina Rossi: Política ambiental es una estafa”. Semanario Universidad.  (San José, C.R.), 26 de febrero 1993, p. 8-9


La novela “La loca de Gandoca” agotó en escasos cuatro meses sus dos primeras ediciones, algo inusitado en el limitado mundo literario nacional. En esta entrevista con UNIVERSIDAD, la escritora Anacristina Rossi, analiza el éxito de su publicación y cuenta su lucha por el Refugio Gandoca-Manzanillo.

La política del Gobierno en materia ambiental es una estafa, pues mientras se promulga un nuevo orden ecológico y se reciben premios internacionales, por otro lado el desastre ecológico es imparable, aseguró la escritora Anacristina Rossi, autora de la novela de gran venta “La loca de Gandoca”.

Las denuncias sintetizadas en la mencionada novela sobre el daño que le causan empresarios hoteleros al área protegida cobraron mayor relevancia en las últimas semanas, al salir a la luz pública la destrucción de valiosos arrecifes coralinos y bosques, así como la contaminación de ese ambiente caribeño, en donde la novelista posee una pequeña vivienda.

Estos hechos demostraron la veracidad de sus testimonios y a pesar de que les dio forma de novela, afirmó a este Semanario que el 98% de su contenido corresponde a la realidad.

Rossi lleva a cabo desde hace varios años, una apasionada lucha por impedir la destrucción del citado Refugio y su “obsesión” le valió que la cesaran del cargo ad honorem que ocupaba en el Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas (MIRENEM).

Su posición le ha generado además, amenazas a su integridad física y enemigos que desean cerrarle la boca.

No obstante que en 1986 Rossi obtuvo el premio nacional Aquileo Echeverría, por su novela “María la noche”, algunos han restado méritos literarios a “La loca de Gandoca”.

Sin embargo, la escritora ha visto renovada su vocación literaria en estos días, al ganar los XXX Juegos Florales Centroamericanos del Carnaval de Mazateco –de Guatemala– en la rama de cuento.

En una amplia entrevista con UNIVERSIDAD, Anacristina dio detalles sobre el éxito de “La loca de Gandoca”, la cual –en escasos cuatro meses de circulación– ya se agotó en sus dos primeras ediciones (de 1000 ejemplares cada una) y acaba de ser puesta a la venta la tercera reimpresión de 3000 unidades.

También se refirió a aspectos literarios de sus novelas, y a otros relacionados con su vida y la ecología que defiende. A continuación ofrecemos lo expresado por ella.

¿A qué atribuye el éxito de su novela “La loca de Gandoca”?

–A dos cosas que yo no separo. Alguna gente ha dicho que “La loca de Gandoca” es inferior en valor literario a “María la noche” , pero me parece que eso no es cierto. Lo que pasa es que el valor de “La loca…” es distinto. Traté de lograr un lenguaje literario transparente, lo que se conoce como el grado cero de la escritura, es decir, como si no hubiera escritura de por medio, para transmitir los hechos nada más. Eso es un logro literario porque el libro llega muy rápido a través de la emoción, y considero que esa es una de las definiciones de la literatura: conmover a través de la emoción, mediante palabras. Se olvida a la gente que la mediación es el lenguaje. En “María la noche” la gente se encanta y se encuentra con el lenguaje, mientras que en “La loca de Gandoca” el lenguaje se olvida y lo que se ve es una realidad dolorosa, a veces poética, una realidad legal y también una realidad intelectual.

La segunda razón para el éxito es coyuntural. Sale en un momento, en el cual la gente está sufriendo los desastres, sin luchar y sin atreverse a decirlo –a pesar de que el Presidente proclama el nuevo orden ecológico y la propaganda nos abruma con las maravillas ecológicas del Gobierno–.

Entonces, que se alce una voz por encima de todo, que se denuncia lo que mucha gente está viviendo, gusta porque se siente acompañada.

Quizás hay un tercer factor, Sebastián Vaquerano (de Editorial EDUCA) le dio un precio accesible. No es lo mismo comprar un libro de ¢1500 o ¢2500 que uno de ¢350, y esa fue una visión que le agradezco.

Desde un punto de vista estrictamente literario, ¿cuál de sus dos novelas le satisface más?

–Las dos por igual. “María la noche” en cuanto a poesía y “La loca de Gandoca” por lograr transparencia de la emoción, lo cual me parece un logro literario. La tuve que depurar mucho, la escribí muchas veces, para que el lenguaje no fuera un obstáculo y se hiciera invisible.

¿Al escribir “La loca…” usted la pensó más por su carácter de denuncia o como obra literaria?

Pensé sobretodo en la denuncia, pero también en que para que esta fuera efectiva, debía ser literaria. Si hubiera sido una denuncia sin literatura, no hubiera llegado, no pondría a la gente a llorar. Eso no pasó con “María la noche”, que también llegó mucho, aunque en un nivel muy distinto. Creo que son aspectos diferentes de lo que puede ser la literatura de ésta.

En las últimas semanas se ha comprobado que las denuncias expuestas en su novela eran verdaderas. ¿Es importante para usted este hecho, aun cuando los daños en su mayoría son de carácter irreversible?

­–Es importante, porque las denuncias aunadas a informaciones y fotos aparecidas en los periódicos no han sido negadas ni por el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) ni por el Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas (MIRENEM). Todos aceptan los destrozos. El problema es que la destrucción se anunció en 1991, como lo demuestran los documentos. Tal vez eso me ayude a ganar el recurso de amparo, al no quedarle duda a la Sala IV de qué es lo que ha pasado y está pasando allí.

Si yo tenía que sufrir para defender mi casa y la salud de mis hijos, que me amenazaran de muerte, que la Municipalidad de Talamanca se volviera mi enemiga, y si ahora la gente se está dando cuenta de no sólo yo lo sufro, sino que muchos están rezando por eso y que la destrucción existe y es difícil pararla, esto me alegra.

¿Cuánto de realidad hay en su novela?

–Un 98%. Puedo decir lo que no es realidad: El salón de patines no era sobre hielo, pero existía la posibilidad de un salón de ese tipo en el centro comercial de la compañía Eurocaribeña.

Lo de “Jorge Boscoso” es verdad. Tengo el disfraz en la casa y lo tuve que usar, aunque no en una entrevista con Ana María Tato, como sale en el libro. Lo utilicé para sacar documentos sin que me vieran, porque el Ministro me había amenazado de no poder entrar al Ministerio.

¿En realidad son tan corruptas las instituciones estatales como usted las describe en la novela?

–Yo no las pinto directamente corruptas. Yo pinto lo que vi. Si usted le quiere llamar a eso corrupción… nada más le digo que yo lo viví, quizás con una serie de exageraciones literarias como el salón de patines. El pueblo juzgará si eso es corrupción o no. Tal vez había gente allí que lo estaba haciendo de buena fe.

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