Hugo Díaz. Un interprete del ser costarricense

Morales, Carlos. “Hugo DíazUn interprete de ser costarricense”. Semanario Universidad (San José, Costa Rica), setiembre de 1990

Entre los acontecimientos para conmemorar el XX aniversario de fundación del Periódico UNIVERSIDAD, no podría faltar una nueva exposición de los dibujos de Hugo Díaz.

Díaz es la presencia permanente en las páginas del Semanario, desde aquel 28 de setiembre de 1970, cuando gritó por primera vez en los pasillos universitarios el ya clásico “La U.; la U.”.

Tan inherente es su caricatura, que se ha convertido en un símbolo de identidad y no son pocos los lectores que comienzan a leer el periódico por la página cuatro, pues saben que allí esta su ocurrencia, su dardo, su chiste, su reflexión, su sonrisa de la semana.

Personalmente es un artista muy comedido. Bien consciente de su valor, pero nada estridente ni pretensioso. Más bien su modestia es directamente proporcional a la gran calidad de su obra.

Pocas veces he visto en mi vida un artista con mayor capacidad para captar plásticamente los rasgos sicológicos de una persona o las circunstancias que lo conforman. Mientras Quino, el célebre dibujante porteño alcanzó la celebridad con unos pocos personajes, Hugo Díaz ha logrado recomponer en su lápiz el temperamento de casi todos los políticos del país y ha sabido expresar, como nadie, el ser costarricense con un toque de ironía.

Por eso los personajes de Díaz no se individualizaron, por le contrario, formaron legión, legión inagotable que abarca toda la realidad costarricense de los últimos veinte años.

Ese vibrar nacional es lo que hemos querido resaltar en esta nueva exposición de Hugo Díaz. Son dibujos que pintan diferentes momentos y personajes de las dos décadas que está cumpliendo el Semanario UNIVERSIDAD y en cierta forma reflejan también la idiosincrasia nacional de los diez lustros que lleva de hacer Patria la Universidad de Costa Rica.

El visitante podrá notar la alta calidad interpretativa y técnica que el artista posee, la forma siempre generosa y sonriente con que aborda el tema local y su irreductible compromiso con las clases más necesitadas de nuestra nación y contra los vicios y corruptelas que perjudican nuestra sana convivencia.

Como lo dice el artículo 3 del Estatuto Orgánico: “El propósito de la Universidad de Costa Rica es obtener las transformaciones que la sociedad necesita para el logro del bien común, mediante una política dirigida a la consecución de una verdadera justicia social, del desarrollo integral, de la libertad plena y de la total independencia de nuestro pueblo”.

Hugo Díaz es un fiel intérprete de ese mandato. Por eso mismo es signo de identificación del Semanario UNIVERSIDAD y baluarte indiscutible de los principios que sustentan a esta casa de estudios que ahora cumple 50 años de esparcir luz.

Cuando se haga el recuento de ese fin de siglo, los dibujos de Díaz serán una consulta obligada y un punto de  apoyo para entender y entendernos. No me cabe duda.

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Señora de la libertad

Carazo, Juan J. La Prensa Libre (San José, Costa Rica), 14 de junio de 1999, p. 2

Carmen Lyra: 50 años después de su muerte

No era una simple maestra de adorno y de ficción que se contentaba con llenar de contenidos a sus alumnos: era madre de los niños de su escuela y cuando vio la miseria, el frío y las desnudeces de sus hogares, se sintió inmersa y lanzó un grito que aún resuena y resonará siempre… mientras existan en nuestro país y en el mundo niños enfermos, raquíticos, descarriados que padecen todas las miserias por culpa de una sociedad egoísta.

Uno de los más altos y finos espíritus de nuestro país, escritora brillante, poetisa profunda, maestra extraordinaria, mujer ejemplar, militante inapreciable de las causas más elevadas de nuestra América Latina, estos son sólo algunos de los calificativos que se le dan a María Isabel Carvajal, más conocida como Carmen Lyra.

Nació un 15 de enero de 1888 en la cuidad de San José. Muy pronto siente la inclinación o  vocación de servir a los pobres. Después de haber concluido sus estudios en esta ciudad, inició su labor como novicia en el Hospital San Juan de Dios. Se graduó como Maestra Normal.

El dolor humano y las miserias que cada día observa le van provocando la necesidad de relatarlas, inicia así su labor literaria. Posteriormente se integra al Centro de Estudios Germinal y asume la dirección de la Revista Renovación.

Viaja a Europa a estudiar en la Universidad de París, enviada por el Gobierno de la República. A su regreso volvió a la enseñanza, a la que se había dedicado antes de su viaje y en especial a la educación infantil preescolar.

Ella fue quien fundó en San José la primera escuela maternal Montessoriana; para la que creó el material y los métodos indispensables.

Su talento y su inquietud la llevaron siempre en una actitud de protesta contra la inmoralidades cometidas por el orden establecido, en diversas actividades sociales y políticas. En su vieja casa de San José se reunían los grupos de jóvenes intelectuales y escritores en los años 30 y 40.

Desde 1931 se afilió al reciente partido comunista, que se llamó  bloque de Obreros y Campesinos y más tarde Vanguardia Popular. Como ella había leído muchísimo y poseía una amplia cultura universal, desde el primer momento fue directora intelectual del partido.

Su ingreso al Partido Comunista de nuestro país le permite publicar artículos en el semanario “Trabajo”; en ellos denuncia las pésimas condiciones  en que viven los barrios pobres. Nadie puede dudar del gran valor de esta mujer que amó sobre todas las cosas la tierra en la que nació. Carmen Lyra condujo al pueblo en su lucha contra la dictadura de los hermanos Tinoco, que culminó con el incendio del diario La información. Fue perseguida por diferentes gobiernos que vieron en ella a una defensora de la justicia y de la razón.

Su obra literaria

Sus primeros trabajos escritos fueron exclusivamente literarios y aparecieron en las revistas Pandemonium, Ariel y Atenea, o como parte de publicaciones colectivas.

Más tarde cuando privó en ella la ideología social, publicó en Repertorio Americano, en las revistas Renovación (la que ella dirigió y en los diarios del país, sobre todo en “Trabajo”, órgano del Partido Comunista. Sus primeras publicaciones fueron cuentos cortos y artículos de crítica literaria.

Su primera obra importante apareció en 1918, “Las Fantasías de Juan Silvestre” y poco después se publicó su mejor obra de juventud la novela “ En una silla de ruedas”, obra costumbrista y sentimental. Su libro más conocido y popular del que se han hecho gran número de ediciones, es “ Los cuentos de mi tía Panchita”, colección de narraciones para niños, sobre temas populares de diversas fuentes, vertidos por la autora al lenguaje y a las circunstancias costarricenses.

Otro aspecto interesante de esta escritora es la serie de dramatizaciones infantiles, que escribió para las escuelas.

El resto de su obra es periodística y de combate, cuadro sociales de sátira y pequeños ensayos, entre los que se destaca el conjunto titulado “Bananos y hombres”. En sus últimos escritos hay fuertes censuras contra la explotación extranjera, la sociedad, la iglesia y las instituciones oficiales.

Es interesante observar que, a pesar de que conocía la doctrina marxista, en sus escritos no acude a razones doctrinarias sino a la copia de la realidad, con fuerza y recursos de verdadera escritora.

Su legado social

Durante el gobierno de Julio Acosta, Carmen Lyra es enviada a Europa en un viaje de estudios. Allí recibe la influencia de las ideas de Haya de la Torre, la naciente revolución Rusa, el fascismo Italiano y la revolución de ideas de Rodó, Vasconcelos, Ingeniero y Hostos entre otros.

Todo esto provocó un cambio en el estilo de Carmen Lyra nacido de la trasformación de sus ideas relacionadas con educación, cultura y las relaciones sociales entre las diferentes clases.

Por su actividad política fue castigada con el exilio en México, país en el cual murió, un 13 de mayo de 1949.

La violencia política trajo a Carmen Lyra hasta México.

Arrancada de su pueblo y de su tierra; como acto final de una serie de hondas conmociones que sufriera en nuestro país, vivió en México llena de angustias por la suerte de los suyos y por los acontecimientos dramáticos que se venían desarrollando en esa época.

Allá enfermó y murió. Su último deseo era morir en su Patria; pero eso no fue viable.

La muerte de María Isabel Carvajal dejó un sitio que muy pocos pueden ocupar; pero también dejó una senda llena de luz para nuestros niños, mujeres y hombres de estas tierras.

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Su obra no ha de extinguirse, sino que con el tiempo ha de creer, porque parte de ella se renueva cada año por estos ámbitos, en los cuentos maravillosos que ella contó para todos los niños actuales y futuros.

Cantera

Barahona Riera, Macarena“Cantera”. La República, Opinión (San José, Costa Rica), 21 de febrero de 2002,  p. 10A

Este mes de enero cumplió 114 años de haber nacido en la ciudad de San José, María Isabel Carvajal.

Vecina de su adorado Parque Morazán, allí creció; estudió en el Edificio Metálico, en el Colegio de Señoritas, trabajó en varias escuelas de San José y de Heredia. Fundó la primera escuela maternal del país, en la vieja casona que aún permanece resquebrajada y olvidada, al costado noroeste del Parque España.

Fue la primera docente de literatura infantil en la desaparecida Escuela Normal. Trabajó en la desaparecida también, Biblioteca Nacional y el Patronato Nacional.

María Isabel Carvajal, “Chavela”, como la conocieron sus amigos y compañeros de luchas y amistades, fue una mujer privilegiada en su inteligencia, en sus capacidades y sensibilidades y sobre todo tuvo el halo de la magia y la creación que la acompañó en su escritura.

Vivió su corta vida (61) dirigida por esa fuerza que tienen las mujeres cuando cumplen su destino. Escribiendo, formando opinión, convencida de sus ideas, enfrascada en argumentos y luchas, donde las mujeres eran invisibles. Tuvo la sagacidad de permanecer soltera, aunque de amores, seguro que tuvo amores.

Su independencia le trajo más arrojo y valentía, tanta que por supuesto, fue temida. Como solo las mujeres se estremecen, y ella enérgica, delgada y fuerte, dueña de sí, de su pluma hizo una espada valiente, de su hogar poblado de hermosísimas guarias, un fuego de reuniones y de ideas.

Es lógico, cuando la lógica es una leve pero intensa lucha de los contrarios, que fue odiada, pero no sometida. Y cuando en la guerra civil, fue objeto de amenazas, esta maestra normal que había ganado en las luchas callejeras contra los Tinoco un lugar de honor, que había ganado la primera beca de estudios a Europa, del gobierno de don Julio Acosta a una mujer, y había realizado su sueño en la fundación de la Escuela Maternal, y habiendo quedado destituida, como todos los empleados públicos conocidos como simpatizantes de los “calderocomunistas”, tuvo que huir de este país, y solicitar asilo al siempre leal y digno México, ya enferma, para nunca más regresar con vida.

¿Cómo es posible que un ser humano resulte tan temido como para que en los meses que transcurrieron de su enfermedad su solicitud fuera reiteradamente negada, primando el temor de ver rodeada a la escritora con un recibimiento masivo y que se convirtiera en una amenaza de oposición para la Junta Fundadora de la República.

Será por eso, y por otras razones que aún no conocemos, que no pudo morir en su amada casa del Barrio Morazán, donde las guarias de su tapia la esperaban para despedirla; que su obra periodística, sus novelas, guardan silencio en los anaqueles de la Biblioteca Nacional y solo conocen los niños y los mayores las recopilaciones de los pícaros cuentos del sincretismo americano de su Tía Panchita, y en el Museo de los niños nos aguarda una figura horrible con cara de viejita y santulona cuentacuentos, como nunca lo fue ella.

Será por eso que su casa fue demolida, y solo existe una humilde placa que recuerda el sitio donde habitó una mujer valiente de pluma aguerrida y ofendida hasta en su muerte.

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La otra cara de “Carmen Lyra”

Naranjo Chacón, Gustavo A. La otra cara de “Carmen Lyra”La Prensa Libre (San José, Costa Rica), 15 de enero de 2001, Página 13.

Nacida en 1888, María Isabel Carvajal es mayormente recordada por “Los cuentos de mi tía Panchita”, pero más allá de ellos, ella siempre se distinguió por ser una luchadora de las causas sociales.

María Isabel Carvajal, valiente luchadora de las causas sociales… muy diferente a la “tía Panchita” que recordamos

María Isabel Carvajal vio la primera luz un 15 de diciembre de 1888. De niña asistió, al igual que muchas otras niñas de la capital, al renombrado Colegio de Señoritas, donde se recibió en 1904. Sin embargo, mucho antes de convertirse en “Carmen Lyra”, la escritora, la joven dama sirvió como novicia en el Hospital San Juan de Dios. Y sería ese dolor y sufrimiento de los pobres y desamparados el que encendería para siempre en ella su llama de luchadora. Comenzó a escribir incansablemente apoyada por sus amigos don Joaquín García Monge –para quien redactaría en la revista “Ariel” bajo el pseudónimo Carmen Lyra (este nombre surgió del recorrido que hacían los buses en Chile: Carmen-Lira)– y don Omar Dengo, quien junto a Rómulo Tovar la iniciaron en las ideas del anarquismo.

Serían estas ideas las que le impulsaron a ingresar al Centro Germinal, donde se comenzarían a desarrollar los temas de una nueva educación que daría frutos con la apertura de la Escuela Normal en 1915 bajo la administración de González Flores. Cuando el Ministro de Guerra Federico Tinoco se hizo del poder, María Isabel Carvajal no dudó en lanzarse a las calles, en la famosa huelga de maestras que acabaría con el incendio del diario oficialista “La Información”, en 1919.

Para 1920 su figura se había vuelto tan controversial que el gobierno decidió darle una beca y enviarla lejos por un tiempo. El destino sería Europa, para que estudiara las íntimas técnicas de pedagogía en la Universidad de París, con el fin de renovar la educación nacional.

A su regreso traería consigo los conocimientos de las técnicas preescolares Montessori, con las cuales abrió el primer parvulario contiguo al edificio metálico. A ella se unieron las maestras Margarita Castro y Luisa González. Años después, cerca de 1930, ya dejado el aprismo como escuela política y estudiando a fondo el socialismo científico, ella se lamentaría de lo poco que hacía una buena educación habiendo necesidades básicas y extrema pobreza en los pequeños, olvidados por la sociedad capitalista.

Más allá de la Tía Panchita

La verdadera “tía Panchita”, la que nos enseñó a pelear por nuestros ideales en un mañana mejor

Aunque su obra más conocida son “Los cuentos de la tía Panchita”, su producción fue rica y diversa. Entre sus obras más maduras se encuentra “El banano y los hombres” y “Barrio Cothnejo-Fishy” con el que abandonaría el realismo literario y abriría en el país del realismo crítico.

Gran parte de su obra fue divulgada a través de las revistas Repertorio Americano, la Revista Renovación –de la cual sería directora– y El Trabajo, la principal publicación del Partido Comunista.

Durante la década de los treinta apoyó junto a Carlos Luis Fallas las huelgas de zapateros en San José y de trabajadores en los bananales. En este periodo escribiría su “Historia de la United Fruit Company y sus atrocidades”. Dicha compañía fue creada por la enigmática figura del liberal Minor Keith.

María Isabel Carvajal murió el 13 de mayo de 1949 en la ciudad de México, donde gran cantidad de escritores e intelectuales latinoamericanos la velaron en medio de una multitudinaria actividad convocada por el Partido Comunista de México.

Cuando su cuerpo arribó al aeropuerto de La Sabana, en medio de la tensión por los eventos del 48 y la reciente intentona de golpe liderada por Eduardo Cardona, se rumoró que en el ataúd venían armas para los rebeldes. El ataúd fue escoltado por miles de costarricenses que durante dos días pasaron por su vivienda depositando flores para rendir un último menaje a la tía y maestra de todos los costarricenses

Decreto del diario oficial La Gaceta de 1976, donde se declara Benemérita de las Artes y las Letras Nacionales

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Carmen Lyra

Carmen Lyra

Carmen Lyra es el nombre artístico de María Isabel Carvajal, la escritora más significativa de las letras costarricenses y una figura entrañable para varias generaciones educadas con sus relatos a partir de los años cuarenta, cuando, en cada aula, se acostumbraba cerrar el día embelezando a los niños con las travesuras de Tío Coyote y Tío Conejo. Nació en 1888 en San José y murió exiliada en México en 1949. Fue educadora por antonomasia, luchadora cívica, renovadora en la narrativa y la docencia, cuentista y novelista. Entre su vasta producción figuran numerosos artículos en Repertorio Americano y otras revistas literarias; los libros Fantasías de Juan Silvestre, Bananos y hombres y Relatos Escogidos; varios ensayos políticos y didácticos; el manual escolar Patria Grande y la novela En una silla de ruedas.

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Carmen Lyra: Su palabra aún se escucha

Carlos Rubio. “Carmen Lyra: Su palabra aún se escucha”. La Nación. Ancora (San José, Costa Rica), 28 de marzo de 2004

Fue en la mañana del 25 de noviembre pasado cuando un grupo de niños se reunió en el Cementerio General de San José. Se trataba de estudiantes de la Escuela Omar Dengo y Scouts de Barrio Cuba quienes, junto a sus educadores, se dieron a la tarea de restaurar la tumba de Carmen Lyra. De manera insospechada y silenciosa, varios pequeños disfrazados de Uvieta, el Cotonudo, la Cucarachita Mandinga o Tío Conejo desfilaron bajo un ondear de banderas que parecía pasar  inadvertido ante el transitar de automóviles y gente que se mueve diariamente por el sur de la ciudad. Se trató de un acto sencillo en el que miembros de las jóvenes generaciones recordaron y rindieron homenaje a una mujer que se atrevió a transgredir los dictados de su época y cuya palabra  se mantiene con plena vigencia.

Carmen Lyra

No es de extrañar que niños y profesores recuerden a Carmen Lyra, pues ella se tomó en serio su papel de maestra. Precisamente, realizó su primera publicación en la revista Páginas Ilustradas, en 1907, un año después  de que se graduara como maestra normal en el Colegio Superior de Señoritas. Se dice que ella condujo una manifestación  de educadores en el  año de 1919 en contra de la dictadura de los hermanos Tinoco, que culminó con la quema del diario La Información; acto determinante que se constituyó en una estoca final en contra de lo que pudo ser una larga dictadura. Fue ella también la joven que viajó a Europa, conoció la filosofía de la pedagoga  italiana María Montessori e introdujo en nuestro país, con una visión científica, el concepto de educación preescolar. Fue ella además quien, en la década del treinta, constituyó una Universidad Popular en su propia casa y se encargó de elaborar el primer texto didáctico con la visión socialista de su partido. Bien se podría señalar que consideró la educación como un acto  revolucionario y transformador para lograr el bienestar de un pueblo. De esa manera, se puso  al tanto y, en gran medida, sobrepasó los ideales epistemológicos de su tiempo.

Escapar de preceptos patriarcales

Sin embargo, poco se hablar de la labor pedagógica y política de Carmen Lyra. Se le suele recordar como la ingeniosa maestra que un día decidió vestirse de tía Panchita y contó cuentos a los niños (lo cual ya constituye un trabajo difícil y honroso), pero casi  no se mencionan sus discursos proselitistas o literarios  en los que evidenció la lucha de clases en una Costa Rica que solo quería saber de la anécdota simpática, el paisaje rural y la viñeta costumbrista.

Tal como señala Elizabeth Rosa Horan en su artículo “Escribiendo la santa maestría: Carmen Lyra y Gabriela Mistral” (1997), ambas escritoras compartieron el hecho de ser educadoras y de rodearse de niños. Ese ropaje, conformado por la niñez, les permitió convertirse, a muy tempranas edades, a una en “tía de los costarricenses” y a otra en “abuelita de Chile”. Esos títulos les conferían  la suficiente autoridad para sobreponerse a los mecanismos de represión masculina propios de su época y pasar por alto el bovarismo impuesto a las mujeres. Habría que recordar que el voto femenino  aún era impensable en las dos primeras décadas del Siglo XX, así como era considerada indecente la expresión de un discurso interior de una intelectual o artista.

Carmen Lyra solía participar en revueltas y mitines en las calles de San José, disfrazada de chiquillo, afirmaron quienes la conocieron. Ella aprovechaba su menuda figura para huir de las autoridades que la perseguían. Pues bien, ese mismo mecanismo  le sirvió para escapar de los preceptos burgueses y patriarcales de su siglo. Carmen Lyra fue la maestra- niña que empezó a hablar en el solar de la escuela y desde ahí denunció la corrupción, la vejación y el olvido con que los más poderosos sometían a los débiles en Costa Rica  y América.

Revolucionaria ante todo

Su casa estuvo situada cerca del Parque Morazán. De joven ella pudo haberse convertido en una “glostora”,  como se les llamaba a los jóvenes bien. Sin embargo, María Isabel Carvajal Quesada su nombre de pila- decidió convertirse en novicia. Profesó con la Orden de las Hermanas de la Caridad, que atendía el Hospital San Juan de Dios. Aparentemente, no pudo ordenarse por un motivo aparentemente intrascendente: era hija de padre no conocido, “hija del amor” le decía en esos tiempos. Será por eso que la iglesia católica perdió a una gran religiosa y de la misma forma, la política y la literatura costarricense ganaron a una gran mujer.

Tal como puede observarse, su pensamiento experimentó un vertiginoso cambio. De ser una muchacha que leía libros románticos y costumbristas y que aspiraba a convertirse en religiosa, optó por estudiar el anarquismo y las ideas antiimperialistas de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), para luego ocuparse, desde 1931 hasta su muerte, de la dirección intelectual y la propaganda del Partido Comunista de Costa Rica. Cabe así preguntarse, ¿qué significaría ser mujer y comunista en las décadas del 30 y 40 en una Costa Rica provinciana? De seguro, había que empezar por un estudio detallado de los clásicos del marxismo. (Es importante señalar que Carmen Lyra tradujo  “El manifiesto” del  francés e hizo una publicación rústica en el polígrafo de la Escuela Maternal. Y era ella, la propia directora de la institución,  quien distribuía el folleto entre las  madres que pasaban por sus hijos a la salida de clases). Ser comunista implicaba también una forma de vida. Constantemente hubo reuniones en la sala de su casa. Allí estaban dispuestos a discutir y proponer acciones de cambio. Mucho escribió María Isabel Carvajal para su partido.  Entre esos textos se encuentran El peón y El grano de oro, los primeros intentos de explicar la historia  de nuestro país desde el ángulo del materialismo  histórico. También, ser mujer y comunista era ya, por sí mismo, una transgresión. Pronunció discurso en plazas públicas y en emisoras radicales y hasta estrenó una comedia llamada Atolillo con dedo, en el viejo Teatro Latino en 1943, la cual trataba sobre las garantías sociales. Ella misma experimentó el peso de la persecución política: en 1933 fue destituida de su puesto de directora de la Escuela Maternal, centro educativo que había ideado y fundado en 1925. La gente de aquella época pensaría que “los de izquierda” eran ateos sin perdón divino. Y tal como lo expresara muchas décadas después su amiga y colaboradora Luisa Gonzáles: “Carmen Lyra era atea, pero Dios la quería mucho”.

Fue esta mujer la que inició la idea de los comedores escolares, cuando buscaba donativos de alimentos para sus pequeños alumnos de la Escuela Maternal y creó la primera sala dedicada a los niños en la antigua Biblioteca Nacional, cuando se encontraba bajo la dirección de Joaquín García Monge. Fue Carmen Lyra quien levantó la bandera para exigir el voto femenino y quien contribuyó intelectualmente a la creación de muchas de las garantías sociales generadas en el pacto caldero-comunista de la década del 40. Siempre valiente y altiva, tuvo las fuerzas para no alienarse con exclusividad a las tareas que, tradicionalmente, se le asignaron  a las mujeres de su tiempo: ser ama de casa, madre, maestra, enfermera o religiosa.

Murió en México en 1949, después de casi un año de exilio político.

Aún hoy, más de cincuenta años después de su desaparición, se siegue considerando a Cuentos de mi tía Panchita como uno de los clásicos fundamentales de la literatura infantil latinoamericana. Pero falta estudiar y desentrañar más de la vida y obra de esta mujer comprometida, pues a pesar del tiempo. Carmen Lyra tiene mucho que decirnos sobre nuestro acontecer nacional y global. Quizá  sea por eso que se le sigue recordando en actos sencillos y casi imperceptibles, como ocurrió en aquella mañana de noviembre, cuando niños del sur del capital cargaron manojos de flores en memoria de la artista, la revolucionaria y la maestra.

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Tía Panchita y la niña Carmen

“Tía Panchita y la niña Carmen”. La Nación.  Zurquí, (San José, Costa Rica),  17 de abril de 1996

Mi Tía Panchita era una mujer bajita y menuda…” así nos describe Carmen Lyra a esta mítica narradora de increíbles historias para niños.

Ilustración tomada del artículo mencionado con anterioridad.

Pero qué casualidad que su descripción nos recuerde a la de la niña María Isabel, esa incasable maestra costarricense que hacia los años veinte inició su gran labor de escritora y educadora.

Y es que de su mágica mano salieron los cuentos más queridos por generaciones de costarricenses, cuentos que ella dijo haber recogido de la estancia de la propia Tía Panchita, en una limpia casita allá por las inmediaciones del Morazán, la misma instancia donde la prolija viejtia desgranaba esas historias y cuentos para entretener y hacer reír a los niños de esos tiempos.

María Isabel Carvajal o Carmen Lyra (como mejor la conocemos) nació en San José, en 1888.

Sus estudios primarios los realizó en la escuela del Edificio Metálico y los secundarios en el Colegio Superior de Señoritas, además recibió el certificado de maestra normal y se dedicó a enseñar en varias escuelas tanto de la capital como la escuela rural de El Monte, en Heredia.

Ingresó a trabajar como novicia en el hospital San Juan de Dios y luego de dos años, comprobó que su verdadera vocación era otra.

Así que continuó con su labor educativa e inició su actividad literaria publicando artículos y obras en las más prestigiosas revistas y periódicos de la época. En 1918 publicó sus primeros libros.

En 1920 publicó la obra por la que la recordamos tantas generaciones de ticos: Los cuentos de mi tía Panchita, un libro que recoge 23 relatos de la tradición popular y otra serie de cuentos cómicos y picarescos del famoso Tío Conejo.

Dos años después fue becada por el gobierno a Europa, donde el contacto con los revolucionarios ideales socialistas cambiaron su vida.

Si antes había estado comprometida con la educación y la justicia, desde ese momento se involucró además con los movimientos sociales costarricenses de la época y llegó a formar parte del partido comunista.

Pero su actividad política no la sustrajo de su principal interés: los niños y la educación. En 1926 fundó la Escuela Maternal Montessoriana, escribió libros de texto y lectura para nuestros escolares, introdujo el teatro para niños dentro de la literatura nacional, impartió la cátedra de literatura infantil en la Escuela Normal de Costa Rica y junto a la escritora Luisa González, publicó la revista para niños: San Celerín.

Y como si fuera poco, esta incansable mujer, tan inalcansable como la Tía Panchita, colaboró con el Patronato Nacional de la Infancia y la Biblioteca Nacional.

Pero eran otros tiempos y su actividad política fue castigada con el exilio. Así que la niña María Isabel, Carmen Lyra y la Tía Panchita, todas fueron expulsadas de la tierra que tanto amaban y tuvieron que vivir sus últimos días en México. María Isabel Carvajal murió en el año 1949.

Pero no creamos que con ella se fueron Carmen Lyra y su Tía Panchita, no señor, esas siguen muy vivas, como si el tiempo no pasara y aun estuvieran en la estancia de la casita del Morazán, donde entre risas y sueños deleitan a los niños de Costa Rica con sus historias y cuentos.

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Carta de Magón a Carmen Lyra

New York, Abril 17 de 1920.
Srta. María Isabel Carbajal
San José – Costa Rica.

Estimada Carmen Lira:

El mutuo amigo García Monge, alias “Moto” acaba de enviarme el último tomo de sus colecciones “Cuentos de mi tía Panchita”, debidos a su pluma. No he podido resistir al impulso de escribir a Ud. unas dos gruesas palabras de felicitación y mi promesa de escribirle largo y tendido cuando concluya la lectura. Voy o iba anoche por “Uvieta”, hasta ahora el que más me ha gustado.

Como yo reclamo y mantengo ser el iniciador en Costa Rica de la literatura de Costumbres, tengo y asumo el derecho de lamentarme o felicitarme con la aparición de nuevos libros del género.

El suyo es de los que me han “Vuelto turumba” y me han puesto más contento que negro con zapatos nuevos.

Porque yo conocí a su “tía Panchita” que en casa se llamaba “Manuela Jiménez” y en otras casas allá por 1890 debió llamarse “Sunción” o “Mona” o “Chedes” o “Trenidad” y fuí grandísimo Compinche de ella y me le arrecostaba con temblorosa ansiedad y temerosa expectación a escucharle sus fantásticos “Cuentos de Camino” con súbitas apariciones y aventuras del Cadejos, la Zegua y la Llorona y el Patas, todos más o menos tarde derrotados y hechos chuicas por la flamante espada del “Príncipe Encantador” o por las burdas Argucias del “Tonto” que siempre resultaba ser el más “Vivo”.

La boca la tengo hecha agua, leyendo su libro y lanzando mi memoria a los felices años de mi niñéz, cuando mi Cátedra preferida era la Cocina, mi Liceo el corredor de mi tía “Cholita” Castro de Zúñiga y mis teorías las de Bertoldo, Sancho, Don Quijote, Pedro Urdemales y ñor Valentín y Sequeira o Secaira, el atormentador de Don Braulio Carrillo.

Dios se lo pague y la Vírgen me la guarde de toda contingencia por haberme sonado ese cascabelito de oro en la purísima oreja, que me ha causado íntimo regocijo. Así se hace que ya prontito el “Moto” echará también mis Cuentos en el libro y entonces me daré el gustazo de dedicarle un ejemplar pa que vea!

Eche acá esos cinco libros y no se caliente si le digo que soy su servidor y amigo,

Magón

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Fuente: Cosas de Jota (Blog)

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Carmen Lyra escribió para todos los niños

“Carmen Lyra escribió para todos los niños”. La Nación, 3 de agosto de 1988, p. 3c

Compuso atractivas páginas de textos de lectura para la escuela primaria. En ellas, lo pedagógico, lo instructivo, lo adoctrinador se convertían en lecturas atractivas con las que encantaba a los lectores.

Uno de los mejores resultados de la cátedra de Literatura Infantil que desempeñó en la Escuela Normal de Costa Rica, fueron sus obras de teatro para niños: “Ponerle el cascabel al gato”, “La Cigarra y la Hormiga”, “Caperucita Roja”, “Zarzuela” con música del maestro Julio Fonseca, “Ensueños de Navidad”, “La Niña Sol” y “Había una Vez”.

Carmen Lyra fue la introductora y la creadora, en nuestro país, del teatro destinado al público infantil.

Entusiasmadas por dar a los niños literatura a su alcance, Lilia González, educadora eminente y Carmen Lyra, publicaron la primera revista con orientación moderna ofrecida a nuestros escolares “San Selerín” la que muy pronto llegó a ser famosa en el mundo escolar del país.

Su famosa obra de la literatura infantil es “Los Cuentos de Mi Tía Panchita” publicado en 1920, en la que recogió 23 relatos de la tradición popular y otra serie de cuentos cómicos y picarescos del personaje Tío Conejo, considerado compatriota nuestro, a pesar de que se cree que vino de África.

Sus preocupaciones sociales

Después de graduarse como maestra normal en el Colegio Superior de Señoritas, Carmen Lyra ingresó como novicia religiosa, a trabajar en el Hospital San Juan de Dios. Pero sus preocupaciones sociales la alejaron de los hábitos e inició su actividad literaria en los periódicos y revistas más importantes de la época, tales como Páginas ilustradas, Pandemonium, Ariel y Atenea.

A sus 26 años, asumió la dirección de la revista artística y pedagógica Renovación y en 1918 se publicaron sus primeros libros Fantasías de Juan Silvestre y la novela romántica En una silla de ruedas.

En 1931 publicó en Repertorio Americano, y su ensayo “Bananos y Hombres” también colaboró con el periódico Trabajo órgano del Partido Comunista. Como ves, Carmen Lyra no sólo fue educadora y escritora, también fue una castigada tiempo completo con el exilio en México, país que la acogió.

Porque Carmen Lyra era tan enérgica y combativa, que identificada con las demandas del pueblo, participaba en mitines y manifestaciones. Ella misma dirigió a los maestros contra el Gobierno de Tinoco, el 13 de junio de 1919, lo que culminó con la quema del periódico “La Información”, vocero de esa dictadura.

El arma de Carmen Lyra, la espada con la que trataba de construir un mundo justo para sus niños, era su pluma.

Carmen Lyra murió un 13 de mayo en Ciudad de México. Sus restos llegaron a Costa Rica el 19 de mayo, y nuestra tierra le dio sepultura.

Tiempo después, Costa Rica quiso brindarle homenaje, y en la planta baja del quiosko del Parque Central, se inauguró en San José en 1971 la Biblioteca Infantil que lleva su nombre.

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¡Salir con un domingo siete!

La cuentacuentos Teresita Borge, nos ha permitido presentarles su interpretación del cuento “Salir con un domingo siete” de Carmen Lyra, que aparece en los Cuentos de mi Tía Panchita.

¡Aquí se los dejamos para su disfrute!


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